martes, abril 26, 2005

Yo no quiero que los niños hereden los dolores

Anoche ví en el noticiero a unos niños que comienzan a ser parte de una orquesta infantil, ya hay varias en el país, pero lo que destacaba la nota es que son nietos de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos.

Tal vez la música sea una buena forma de sanarase de dolores tan manoseados por los medios de comunicación, los políticos y cuanto tipejo que se le antoja opinar al respecto.

Perder a un hijo, un amigo, un hermano o al padre es doloroso.
Son personas que un día tenías a tu lado y de pronto, sin previo aviso, ya no están, desaparacen sin dejar rastro. Ya no se sentarán más a comer contigo, ya no cantarán una canción para hacerte dormir, ya no escucharás más su risa, ni su llanto al mirar un país doblegado por la dictadura. Simplemente ya no están y hay que aprender a vivir con eso.

Pero yo no quiero que los más pequeños crezcan con dolores nuestros, con eso ya es suficiente, es cierto que deben conocer los hechos y aprender a mirar con respeto a los que murieron. Pero no quiero que les enseñemos a tener rabia o resentimiento, ellos tienen derecho a vivir sin el peso de esas penas.

Si algún día tengo un hijo no le voy a enseñar a odiar, le contaré quien fue su abuelo, le contaré de lo feliz que fue, de sus locuras, de su incansable afán por motivar a otros a hacer cosas que los hicieran pensar, pero no quiero llenarlo de mis penas, de mis carencias, de mis lágrimas de ausencia.

Quiero que los niños tengan más alegría para vivir y soñar.

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